Colaboración con la asociación de Daño Cerebral de Santiago de Compostela

Invertir en dignidad: acompañar el daño cerebral adquirido desde la empresa

Donar no es un gasto. Es una decisión estratégica con retorno fiscal, reputacional y humano que pocas empresas están aprovechando todavía.
 

Hay más de 420.000 personas en España que viven con las consecuencias de un daño cerebral adquirido. Un ictus, un accidente de tráfico, un tumor. Un instante que lo cambia todo. Detrás de cada diagnóstico hay una familia que reorganiza su vida, un sistema sanitario que no siempre puede llegar a tiempo, y una asociación que sí llega: con logopedas, psicólogos, terapeutas ocupacionales y, sobre todo, con presencia cotidiana cuando el sistema público ya no está. Lo que sostiene ese trabajo, en buena medida, son los donativos de empresas y particulares que han decidido que la RSC no es un capítulo del informe anual, sino una convicción.

«La pregunta no es si su empresa puede permitirse colaborar. Es si puede permitirse no hacerlo.»

Dossier Dano Cerebral Santiago de Compostela

El marco fiscal español es, en este sentido, extraordinariamente generoso con las empresas que donan a entidades sin ánimo de lucro acogidas a la Ley 49/2002.  Lo que ocurre es que muchos departamentos financieros siguen tratando la filantropía como un coste cuando, en realidad, la legislación la convierte en una de las inversiones más eficientes del ejercicio.

Lo que dice la ley: números que conviene conocer

La deducción base para personas jurídicas es del 40% del importe donado sobre la cuota íntegra del Impuesto sobre Sociedades. Pero hay más: si la empresa mantiene o incrementa el importe donado durante dos ejercicios consecutivos, ese porcentaje sube al 50%. Y si en algún ejercicio la deducción supera el límite del 10% de la base imponible, el exceso puede aplicarse en los diez ejercicios siguientes. En la práctica, donar a la asociación de daño cerebral de su comunidad puede resultar en que el coste real para la empresa sea inferior a la mitad del cheque firmado.

Ejemplo: una empresa dona 1.000 € a la asociación. Con la deducción del 40%, su coste fiscal neto es de 600 €. Si lo hizo también el año anterior, la deducción sube al 50% y el coste real se reduce a 500 €. Por 500 € netos, la empresa financia terapias, talleres de reinserción laboral y atención psicológica a familias durante meses. Pocas acciones de marketing tienen ese retorno tangible.

 
 

Más allá del ahorro fiscal: el valor que no aparece en el balance

Los beneficios fiscales son el argumento más fácil de comunicar al consejo de administración. Pero quien lleva años trabajando en comunicación corporativa sabe que el impacto más duradero de una política de donaciones bien articulada no se mide en euros ahorrados, sino en la forma en que una empresa es percibida por sus empleados, sus clientes y su comunidad. Las nuevas generaciones de talento no solo preguntan por el salario; preguntan por los valores de la organización que les va a ocupar ocho horas al día. Asociar la marca a una causa concreta, verificable y socialmente significativa como el daño cerebral adquirido es una respuesta honesta a esa pregunta.

El daño cerebral adquirido tiene, además, una característica que pocas causas tienen: puede afectar a cualquiera, en cualquier momento. No hay perfil de riesgo exclusivo. Eso lo convierte en una causa con la que cualquier trabajador, directivo o cliente puede identificarse. No es ajena. Es próxima. Y esa proximidad genera vínculos con la marca que ninguna campaña de publicidad puede comprar.

Cómo articular la colaboración: opciones para cada tamaño de empresa

La colaboración con la asociación de daño cerebral no exige grandes presupuestos ni estructuras de RSC consolidadas. Exige voluntad.

Las fórmulas son variadas: donativo monetario puntual o periódico, cesión de espacios o servicios, campañas internas de recaudación entre empleados con match corporativo, patrocinio de eventos, o incluso programas de voluntariado en los que los propios trabajadores participan en actividades de la asociación.

Cada una tiene su tratamiento fiscal específico y sus ventajas comunicativas. El primer paso es siempre el mismo: llamar a la asociación.

Una de cada cuatro personas sufrirá un ictus a lo largo de su vida. Las instalaciones que hoy ayuda a construir pueden ser las que usted necesite mañana.

La Asociación de Daño Cerebral Adquirido amplía su sede para atender a una demanda que no para de crecer. Treinta y ocho profesionales trabajan cada día para que sus pacientes recuperen su vida. Necesitan que el tejido empresarial de esta ciudad los acompañe.

Lo que ocurre después del daño cerebral —la velocidad y la calidad de la rehabilitación— depende en buena medida de que existan centros especializados con capacidad suficiente para atender a quienes los necesitan. 

Una sede que crece porque la necesidad crece

La Asociación Daño Cerebral Santiago de compostela lleva años ofreciendo terapias de rehabilitación neurológica —logopedia, fisioterapia, terapia ocupacional, neuropsicología, apoyo a familias— a pacientes que, sin este recurso, simplemente no tendrían a dónde ir. El sistema público atiende la fase aguda. Pero la recuperación funcional, el largo proceso de volver a ser uno mismo, recae en gran medida sobre recursos como éste. Y la demanda ha superado la capacidad instalada.

Por esa razón, la Asociación ha puesto en marcha la ampliación de su sede. Cada metro cuadrado nuevo representa la posibilidad de atender a más pacientes, con más continuidad y con mejores condiciones. Y cada euro que aporten las empresas de esta ciudad acorta el tiempo que alguien espera para comenzar su recuperación.

Le invitamos a conocer las instalaciones, a reunirse con el equipo y a explorar qué forma de colaboración encaja mejor con la estrategia de su empresa. No como un favor a la Asociación, sino como una inversión en la infraestructura de salud de la comunidad en la que opera y de la que, en cualquier momento, puede llegar a depender. La puerta está abierta. El equipo, esperando.

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Ejemplo práctico: una empresa dona 1.000 € a la asociación. Con la deducción del 40%, su coste fiscal neto es de 600 €. Si lo ha hecho también el año anterior, la deducción sube al 50% y el coste real se reduce a 500 €. Por 500 € netos, la empresa financia terapias, talleres de reinserción laboral y atención psicológica a familias durante meses. Pocas acciones de marketing tienen ese retorno tangible.

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